domingo, 5 de diciembre de 2010

RESAKA

Estaba en un bar con mis amigas. Me paré a bailar sola (porque si, yo bailo sola no más) y un pata se acercó a preguntarme cosas cojudas de hombres, y yo le dije unas cuantas mentiras para que me dejara en paz, me dio trago y luego se acercó Carla y vi que su rostro empezaba a llover y yo sabía porque estaba asi, puesto que a metro y medio de nosotras estaba "él", que no hacía más que mirarnos con su cara de niño enojado, frunciendo el ceño de vez en cuando, y ella bailaba como si le llegara al pincho que se le viera la tira del sostén, como si le llegara al pincho que él estuviera a tres pasos, como si le llegara al pincho que esté con otra.
-Yo, Carla: Te vi a los ojos y te dije lo que tantas veces me has dicho tu; No llores mierda. En ese momento fue como si un flashback me inundara, varias cosas pasaron por mi cabeza.
El desconocido que se me había acercado al principio, que por cierto se había vuelto un impertinente espectador, se hizo el webón, nos miró a ambas y sólo atinó a darnos más trago.
Llegué a casa, pensando en los acontecimientos acontecidos que acontecieron esa noche, soñé cosas raras, esas cosas que no me gustan soñar porque despierto triste.
Abrí mis ojos, miré el reloj colgado al lado de la puerta de mi dormitorio, y vi que eran las 10am, en realidad 9:30 porque se adelanta 30 minutos. Vi a mi mamá sentada al pie de mi cama, jugando con mi celular, uno de esos jueguitos de java que le instalé. Fue algo gracioso. Entonces no me importó la sed, cerré mis ojos y sonreí.

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