No es fácil la vida en New York. Él, entre el trabajo y el hecho de ser inmigrante, no podía escribir nada, mucho menos publicar sus libros, en medio: La indecisión de vivir en EE.UU, en Alemania, Canadá o regresarse a México, donde tenía una vida casi hecha, una profesión, una casa, más no a nosotras.
Al final, nunca volvió.
El amor es una droga dura.
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