sábado, 21 de enero de 2012

Back to flash

Esta no es ni la primera ni la última carta que te escribo, hace tiempo quería escribirte. Sí, a ti. No pongas esa cara. Sabes que te hablo sólo a ti. Te lo digo sin preámbulos. Han pasado años, pero siempre imagino cómo sería mi vida junto a ti, usaríamos el tocadiscos de tu sala pues yo nunca hubiera permitido que tiraras tus viejos discos de vinilo, hubiéramos ido a todos los conciertos juntos, escucharíamos a Janis Joplin y a Led Zeppelin mientras hacemos la cena, aunque te volviste un burócrata aburrido, sé que aún conservas esa esencia anarquista y revolucionaria que te hizo escapar de tu prestigioso colegio Salesiano de Piura, a los 13 años, porque pensabas que los curas, la iglesia y la santa inquisición eran una reverenda mierda .Después de haber fumado todo lo fumable y de haber terminado con honores la universidad, quisiste irte lejos, viajaste por varias partes del mundo, a veces comiendo salmón y a veces hasta cartón, luego aparecí yo en escena y te volviste a ir, para seguir tus sueños, y supongo que es muy rescatable, seguir tus sueños sin importar a quién ( o a quienes ) dejas por el camino. Después de vivir cosas dignas de ser contadas en un libro y de comprobar que en verdad el mundo es ancho y muy ajeno, regresaste, pero por tu espíritu errante no quisiste quedarte en este país tercermundista, ni por mí, ni por tu mamá y menos por la mía.

Lo peor de todo es que desapareciste. Desapareciste por años jaja, años de mi vida sin saber de ti, yo sabía que las cosas no estaban bien entre mi mamá y tú, que no podías vernos, porque el problema de volvernos a ver, era que, nos volvías a echar de menos y, un hombre como tú no puede dejarse llevar por sentimentalismos. Me tuve que soplar: depresiones, crisis nerviosas y enfermedades de mamá, por tu ausencia. Vacíos, y burlas en el colegio, mientras tú...tenías una nueva vida con una nueva familia. ¿Pensabas en mí de vez en cuando?

Aprendí a escribir a 5 los años, y mi mamá me obligaba a mandarte cartas que yo nunca quería escribir, porque en el fondo te odiaba un poquito, te odiaba porque sabía que por tu culpa mamá sufría, pero aún así, te escribía cosas dictadas por ella, pero por obligación, eran mentiras todas las cosas que escribía, no nacían de mí, lo hacía porque así mi mamá se ponía feliz. A mis 5 años yo ya sabía muchas cosas de la vida, aprendí a prepararme el desayuno sin explotar la cocina, a mandarte cartas y dejarlas por la boca de un león enorme en las oficinas del SERPOST, a ponerle nombres extraños a mis mascotas y sobretodo aprendí a callar cuando estaba triste, a no preguntar nada y a guardarme todo.

Me llamabas algunas veces y para mí era el peor castigo, no quería hablar contigo ¡¡no quería verte!! simplemente quería que murieras para nunca más saber de ti, lo cual era muy malévolo para una niña tan pequeña, pero es que era tal el rechazo, que prefería lo que sea, con tal de no saber de ti nunca más, y creo que te lo tomaste muy en serio porque no llamaste en 2 años seguidos, y sólo te limitabas a mandar cuentos, lo cual despertó mi amor por la lectura. Eso admiraba de ti, tu buen gusto por la lectura. Leí y releí esos cuentos clásicos, chiquitos y de colores, aún conservo esos tesoros, los adoro con toda mi alma, y es algo que siempre te agradeceré.

Me mandabas regalos que nadie tenía en el país (o al menos no en un radio de 200 kilómetros a la redonda) cuadernos maravillosos y lápices de colores, porque mi mamá te había dicho que me gustaba dibujar (porque claro, de eso nunca te hubieras enterado por mí).

Me visitabas a veces cuando venías a Perú para ver a tu madre, y de paso, de casualidad (para matar 2 pájaros de un tiro) a verme a mí. Nos recuerdo una vez sentados en la sala de mi casa, mientras mi mamá preparaba algo en la cocina, tú me contemplabas con ternura y yo, atisbaba desde el sofá. Te miraba escéptica mientras hablabas. Estabas sentado frente a mí y hablabas, hablabas todo el rato. Me mareabas un poco, pero no podía dejar de escuchar toda la basura que contabas. Quería que pasaran rápido las horas y que ya tuvieras que irte para no verte más en los próximos 2 años, porque verte o viajar para verte, era toda una obligación, nada que yo haya querido, sin embargo a veces me imaginaba situaciones, respuestas, consejos y sonrisas. Quizás pienses que es una pérdida de tiempo, pero aún no entiendo como vivo sin ti.

Muchos años después, no hace mucho, cuando ya había superado todas los traumas de la infancia, cuando ya había vivido cosas mucho mejores y cosas mucho peores, me pediste que no te juzgara, y en realidad nunca lo he hecho, nunca hemos hablado del pasado, nunca me diste explicaciones, nunca te las pedí, has hecho lo que has querido con tu vida, y si el fin justifica los medios pues entonces todo está justificado, porque eres una persona muy reconocida y muy exitosa en el país que te ha acogido, y es lo único que importa. Yo por mi parte, pretendí que nunca me importaste, hasta ahora, nadie sabe que algunas noches lloraba por ti antes de dormir, porque me hacías falta. Todo me lo guardé, tú me hacías falta pero a la vez pensaba que con mi mamá era suficiente, excepto por una vez...esa vez...sí, hubo un momento en mi vida en que te necesité muchísimo, en serio, quería un abrazo tuyo, quería coger el primer avión del mes siguiente y viajar 8 horas para verte, pero no lo hice, igual no te iba a contar lo que me pasaba, sólo quería verte y sentir esa presencia paterna y llorar en tu pecho, tal vez sólo tal vez, la psicoterapeuta tenía razón y tú tenías la culpa de todas mis dependencias. Rayos! en verdad quería abrazarte, sin que tú sospecharas lo que me pasaba. Es tonto pero sentía que sólo tú podías ayudarme, llenar ese vacío enorme que me había dejado la soledad obligada. ¿Sabes? pasó algo que marcó mi vida de una manera inimaginable, debes saber que lloré mucho, tanto que en algún lugar del universo debo haber roto algún record. Y una vez más no estuviste conmigo, cuando más te necesité, pero también fue mi culpa, no te busqué, no te llamé, no quería que me oyeras llorar. Viniste a verme, y una vez más no tuve el valor para contarte, para decirte que te necesitaba mucho, que me hacías mucha falta, más que nunca en ese momento. Espero que nunca más me hagas tanta falta.

Una de esas noches en tu casa, la última vez que te visité, yo iba a la biblioteca buscando un libro bonito para que me lo regales, con esa carita que ponen los niños cuando quieren el dulce del mueble de arriba, y tus manos estaban heladas y ese día se volcó el café sin querer en tu libros de Paul Géraldy y te irritaste y ese día fue cuando me confesaste - al fin - que no te gusta hacer llamadas telefónicas- porque es tan triste que las cosas terminen - decías. Y yo quise llorar mucho mientras te oía pero no lo hice, tragué saliva y salí de ahí, no puedo darme el lujo de que la gente me vea llorar, y no te dije pero...yo también tengo ese miedo de llamar por teléfono a la gente, y no porque es triste que las cosas terminen sino porque tengo miedo de que no me contesten. Que aunque te sorprenda, algo he aprendido.

La última noche antes de mi regreso a Perú fui muy pero muy feliz, probablemente sea la única noche en nuestras vidas que estemos solos, en la gran ciudad, tú y yo, sin gente conocida, sin gente que nos rodee, corriendo bajo la lluvia a 22 grados y con esta chaqueta que voy a guardar toda mi vida. Y esta pseudo carta también...

Voy a
a guardarla
por el resto
de mi vida.

Yo sé que nunca vas a ver esto, nunca te voy a decir estas cosas cara a cara y si de casualidad entras a esta página quisiera que sepas que siempre te recuerdo y te adoro, aunque no te vea, aunque no me veas. Y no te culpo. Pero tampoco me culpes a mí, quizás sólo es la vida fea y normal que nos tocó vivir.


te quiero.

No hay comentarios:

Noche de cuarentena

I just couldn't believe I had flown 6 hours just to hear: “no”. I couldn’t understand. These are the things that should be taught at...