jueves, 12 de abril de 2012

221

Tú viniste un día y tocaste la puerta de mi casa diciendo que me habías visto en la plaza de una ciudad, causando que mis cejas se distorsionaran un poco. Cuando abrí la puerta atinaste a decir hola con una sonrisa de oreja a oreja y yo te dejé pasar a la sala de espera, aún sabiendo que no estaba en condiciones de visitas, pero me agrado la tuya y no sabía por qué y de vez en cuando me venías a visitar. Poco a poco te dejé pasar hasta la cocina, juntos fuimos adornando mi casa, te deje poner algunos adornos en el interior que no eran de mi agrado, por lo menos no del todo, pero viniendo de ti podía aceptar cualquier cosa. Me ayudaste a expandir las paredes de mi casa y las pintamos de tus colores, poníamos música de la que me gustaba, la que no te gustaba tanto, colgamos fotografías que tomábamos y no te dabas cuenta que mi casa ya era tuya, era de los dos. Tu querías escuchar que yo te lo dijera que "nos pertenecía" y al no escucharlo ni sentirlo, saliste por la puerta de atrás sin que yo me diera cuenta. Cuando te fui a buscar ya no querías entrar, logré convencerte y logré convencerme- al fin- que esta era tu casa. Tal vez algún día no te sientas cómodo y decidas destruir todo, canciones, paredes, adornos, fotografías. Pero no dejes mi casa en ruinas, me gusta como a quedado todo, no te vayas con tus colores a adornar otro lugar porque me enojaré muchísimo conmigo por haberte dejado entrar, no contigo. O tal vez te vayas pero luego regreses para visitar y ver como va todo… y yo no te dejaré ir, te diré que te quedes en mi hogar para pintarlo todo.

No hay comentarios:

Noche de cuarentena

I just couldn't believe I had flown 6 hours just to hear: “no”. I couldn’t understand. These are the things that should be taught at...