jueves, 28 de febrero de 2013


Siempre tuve miedo de ir al ginecólogo, más bien un miedo-vergüenza. Aunque parezca mentira, recién tuve el valor de visitar uno hace relativamente poco, más bien una, porque fue mujer; una colega de mi prima, así que eso me dio un poco de confianza. De todos modos ese día me desperté un poco preocupada, llegué a la consulta, esperé en la sala de recepción mientras leía unas revistas de chismes, me llamó una señorita muy gorda y me metió a una habitación donde me pidió que me sacara toda la ropa, me quedé en ropa interior. A los pocos minutos entró otra señorita y me pidió que me quitara todo, .- "¿El sostén también?".-"SÍ, TODO"... bajó la mirada y me alcanzó una bata mientras yo me despojaba de la poca ropa que me cubría. ¡Nunca ninguna mujer me ha visto completamente desnuda!, ¡ni a mi madre se lo permito!. Es una sensación extraña cuando una mujer te ve así. Me senté en la camilla, vino la ginecóloga a preguntarme si era sexualmente activa, (¿defina activa?) Lo único que tengo claro es que frígida, no soy jajaja. Bueno lo que hizo la ginecóloga, supongo que es de rutina, minutos después me puse la bata, y me trajeron galletas de agua, y sentada yo comía pensando en que mujeres extrañas ya conocían mi cuerpo.

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