A coups de pourquoi. Les saisons passent mais de grâce faisons semblant qu'elles nous ressemblent
Iba de regreso a casa, por alguna calle concurrida del Centro, preocupada por los días que se vienen y el dinero del mes. Parecía una escena pensada por Woody Allen. Y mi cabeza daba mil vueltas en tantas cosas y pensaba que era increíble cómo uno se puede complicar tanto por, digamos, una palabra. Yo no, claro, sino alguien más. Una chica, flaca, pequeñita, alguien como ella puede pero yo no porque me canso, me canso del estrés y no me gustan las palabras que no se dicen. Pero supongo que una mirada es como mil palabras en un segundo, a veces las miradas dicen más ¿no? Aclaración, no ese tipo de miradas de: ojos perdidos como cuando nos damos cuenta de que eres ciego y hay dos huecos entre tu nariz, que bestia (yo me entiendo). Es por eso que yo no podría pero ella, desde luego que sí. ¡Obviamente! y lo firma, mientras mueve su cabeza al ritmo de una canción típica de septiembre.
Como jugando a ver series por youtube, como jugando a escuchar a Beth Orton, como jugando, pongámosle, que se llama Carlos, y dejando la broma de lado, realmente se llama así. Bueno, bueno, les diré que, ya perdí la vergüenza de contar mi vida por aquí, pero no quiero perder la ilusión. Hay mejor cosa que ver su cara sonriéndome?, su rostro con gotas de picardía, rostro de sexo por la noche y nunca una huelga de aquellas y, muchas gracias, puede que él sea todo porque para mí, no hay nada que no tenga y si algún extremista dice lo contrario, que lo pruebe en su muerte. Silencio. Tengo que confesar que se me escarapela el cuerpo al pensar que pueda fallarme alguna vez, y me permito unos segundos de gracia al recordar que existe y ya me tranquilizo. PA cursis, PA cursis tú, dicen. Pero no, no quiero engañarme a mí misma así que repetiré unas tres veces la siguiente frase: No puedes vivir siempre de tus sueños, entiende, ¡no! (leerlo en cursiva), pero lo amo, así como mierda. Así de complicado. Complicado porque ese es su segundo apellido. Él Complicado; ¡presente, señor!.
Caminaba preocupada por el centro, preocupada
por la incertidumbre que me causa creer que mañana habrán canas en la
cabeza de mis veinte y más años. Creo que las personas tienen razón al
decirme que parezco una chica presa de un DNI opuesto a la vista y
razón. No me preocupo, algún día gritaré en algún bar que me vino la menopausia, ¡ me tocó la menopausia!, voy a cumplir 25. La edad es de las mujeres primero. ¡Machismo puro! y barbaridades
de viejitos como yo. Tengo 24, la edad perfecta para ir al
centro y malgastar de un tirón toda la pensión de mis dos abuelas, no mentira. Bueno y regresando a lo anterior, lo amo, y ya no me resulta complicado ahora que lo vuelvo a repetir. Y volviendo también a lo anterior, tengo hambre, pero en mi refri sólo hay un tomate muerto.
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