Y da vértigo.
Camino como una autómata, "camino" porque aún me duele un poco el pie. Estoy de viaje en esta ciudad gris que me ha visto reír y llorar. No sé como he acabado deambulando sin rumbo por las angostas calles de no sé qué distrito. Y de repente me han asaltado montones de recuerdos olvidados, he empezado a darle vueltas a la cabeza, a pensar en cómo es que cada persona que se cruza por tu vida deja un pedazo de sí, apenas nada, un detalle para echarles de menos, y me ha hecho sentir cada vez más triste. Aún con más nostalgia. A veces me pregunto si yo también seré parte del olvido de alguien, si un mínimo gesto hace que se acuerden también de mí. Imposible saberlo. Sigo caminando, me cruzo con desconocidos, que también caminan a la deriva, y de momento, siento pánico de encontrarle al girar cualquier esquina. A verme reflejada en sus ojos. A darme de bruces con la realidad. Sin poder escapar. Sigo andando, cada vez más rápido, para salir del distrito, pero no puedo evitar esa sensación de ligero vértigo, de estar desierta, vacía por dentro. Y sigo sin encontrar las palabras adecuadas, no puedo parar de imaginar mentiras, o como prefiero llamarlas, ficciones para los días nublados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario