miércoles, 24 de agosto de 2016

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Nietzsche dijo alguna vez que lo que no te mata te hace más fuerte. No hay nada más falso que eso. Puedes tener una fuerte tifoidea pero luego de ello tu sistema inmunológico no se vuelve más fuerte, puede morir tu hijo, tu esposa, el perro o el perico, puedes perder el trabajo o la familia pero eso definitivamente no te vuelve más fuerte, tampoco te mata. Sólo te rompe el corazón en mil pedazos... 

Y con el pasar del tiempo  puede que sigas llorando por ello, pero luego, después de mucho, después de haber atravesado otros pantanos, se aplaca la tristeza, lo cual no significa que olvides lo que pasó, sólo que deja de doler, o al menos no duele tanto como duele ahora.  

En mi defensa no puedo mencionar nada. La lucidez carente de cordura decidió abandonarme en este instante. El humo que sale de la taza de café que me calienta las manos, baila en espiral y me invita a cambiar de estado y hacer lo mismo. Cierro los ojos y aspiro el perfume de la noche y añoro todos los momentos en los que no tuve miedo y la comodidad de unos brazos y todas sus certezas…

La estrella que ves a lo lejos sabe que estoy aquí, en alguna parte, aunque yo hoy por hoy haya dejado de brillar.

Y me conoce lo suficiente como para saber que me armaré con una sonrisa y echaré a andar.

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