sábado, 18 de febrero de 2017

439



Préstame tus lentes. 

- No. 

Préstamelos porque sino no puedo… 

- Ay pero ¿por qué tiene que ser hoy? No veo nada sin mis lentes

Dámelos ¿sí? 

- Ya (tapándome los ojos con las manos) ¡pero apúrate!.

Ay, engreída*

* Se acercó sin previo aviso mientras yo cerraba más fuerte los ojos y me besó.

Mi primer beso. Yo estaba con los ojos cerrados, esperando que se apurara para poder ponerme los lentes y volver a verlo. Tenía tanto miedo de que nunca pudiera abrir los ojos o no volver a verlo claramente, que entre decirle eso o decirle que me daba vergüenza que me vea sin lentes, preferí lo último y así no exponerme tanto. Me gustaba mucho, y él lo sabía tan bien que ya era suficiente como para todavía, decirle mis verdades.

Mi primer beso, años después:

Muy canchera yo, como si tuviera toda la experiencia del mundo en ir repartiendo besos a cualquiera sólo por el simple hecho de querer besar (sí claro). Lo agarré desprevenido – como debe de ser – y acercándome suavemente a sus labios, lo besé de una manera que me hizo temblar. Temblé mucho y creo que él no lo sintió o ya estaba acostumbrado, había temblado un par de veces cuando se me había acercado, pero en ese momento en especial, temblé tanto que solo con recordarlo me hace volver… Sí, sus labios fueron muy suaves, se movían al compás de cada una de estas canciones, aunque todo fue muy rápido y torpe. No había nada más en ese quinto piso, nada, nada, no oía nada más que los dos respirándonos, los cláxons de los taxis y un perrito ladrando afuera. Fue único, el corazón también me temblaba y hasta pasaron por mi cabeza muchas imágenes que, obviamente, temblaban y se unían al aroma de su perfume. Fue inexplicable y a la vez lo entendí. Mi primer beso.

Ya se me ha hecho costumbre escribir sobre roma invertida. Y tengo la teoría que lo hago por la falta de una mascota en casa o por la poca comida que me alcanza con mi sueldo. Pero ¿cómo empezó todo? Mi historia reza así…

Me encontraba en una discoteca en mi ciudad. Una persona que no conocía (hasta esa noche) me sedujo para ir, ¿cómo lo hizo? Sólo diciéndome que él iba a estar ahí.

Okay, “yo le entro a todo”, me dije; porque claro, recuerden que yo me creía la más atrevida, la más más, independiente, profesional, segura.

Esta demás decir que en un inicio (cuando recién había llegado a la disco), me aburrí y me dediqué a ver como bailaba la gente tarareando alguna canción que me entusiasmaba los tres o cuatro minutos que duraba. Conversé, talvez, con algún chico de polo extraño, pero en medio de todo estaba él, bailando con una chica divertida y con muchas ganas de tomar con o sin él.

Se acercó, conversamos, nos miramos a los ojos. Nos gustamos a primera vista o al menos quiero pensar que yo le gusté la primera vez que me vió. No bailamos, aunque me hubiera gustado. ¿De qué hablamos?, tal vez de cosas aburridas pero con la chispa de “esto sobresale alrededor, por encima de todos y de lejos”.

Hasta ahí yo seguía con mi actitud de ¿puede ser no? “Me conozco lo suficiente como para saber cuándo quiero o no quiero lo que fuese”, me decía yo en mis adentros. Le di la gracia de la duda y el gustito del ¿por qué no?, conóceme. Y así fue como nos vimos una segunda y tercera vez en su casa y me rejodí.

Fue todo por esa conversación irreal. Tal vez coincidencias pequeñitas y tontas de nuestras vidas, sí lo sé, yo me entretengo y sueño con estos momentos fugaces, pero a ver, dime ¿Cuántas personas van por ahí y te dicen: ven a mi casa y terminan hablando de sus familias?. ¿Ves?, no me jodas. Así que accedí y realmente conversamos. Sí, de verdad en un inicio hablamos y vuelvo a sonreír por esas palabras cortitas y bonitas que nos dimos. Los temas simplemente fueron fluyendo.

Ahí iba la chica que quería dárselas de muy fresh, muy liberal y muy todo. En realidad ahí iba la chica torpe y boba que no quería hacer notar que era/es meticulosa. ¿Saben que significa meticulosa?; se los diré: 1. adj. Excesivamente puntual, escrupuloso, concienzudo. 2. adj. p. us. Medroso (temeroso). Entonces, quizás inconscientemente le demostré que no era cobarde, espero que por una milésima de segundo haya pensado “esta chica sí sabe lo que hace”. Luego de mi beso, sonrió y dijo algo así como: "¿por qué tan apurada?", "mierda", pensé, "¿se habrá dado cuenta de mi nerviosismo?". "Ya me tengo que ir", le dije, con mucha vergüenza porque no podía creer el atrevimiento mío de voltearle la cara y robarle un beso. En la puerta volvimos a besarnos, mientras se acercaba, me susurró: “no te vayas aún”. La cosa más linda que pude oír y esperar en ese momento.

Bajando las escaleras nos cruzamos con un pequeño pericote que seguro escapó de casa para ir a ver las estrellas.

¿Qué sigue después de todo esto? lo siento, eso es privado, pero lo que puedo decir es que los días siguientes fueron felices, con alguna buena canción de fondo y con sus debidos momentos de respiro. Yo no lo conocía y él tampoco a mí, sólo nos vimos unas horas hace algunos años y desde ese sábado nos volvimos a ver con más horas para todo.

Si tuviera un delorean y pudiera retroceder el tiempo, con mis historia en las manos me iría y llegaría con el mismo vestido a la discoteca, trataría de ubicarlo y lo saludaría. Le cogería del brazo y bailaríamos una canción. Le contaría que vengo del futuro, le diría todo lo que nos pasó, él me miraría con cara de extrañeza y me diría:

Cúando pasó todo eso? Si es la primera vez que te veo…

- No tienes que entender nada ahora, no pienses que estoy loca, de verdad va a pasar todo lo que te acabo de contar. Vámonos de aquí ahora mismo...

Él, probablemente pensando que me falta un tornillo o dos, no volvería a buscarme, pero yo aún seguiría queriéndolo, entonces me iría a casa con ese sentimiento tonto en el corazón, a abrazar la almohada como una niña que le contaron un cuento de: en asuntos de amor siempre pierde el mejor.

No hay comentarios:

Noche de cuarentena

I just couldn't believe I had flown 6 hours just to hear: “no”. I couldn’t understand. These are the things that should be taught at...