"¿Y si mejor me olvidas?". Me dijo mientras le besaba el ombligo.
Hay días en que todo está desordenado, mi cabello, nuestra cama, las palabras del corazón, la vida.
Hace un año y dos semanas exactamente que no salimos salgo de esta habitación. Comienzo a sentir que el mundo está girando sobre estas cuatro paredes y un piso sin lustrar. ¿Estará mal?, me pregunto a veces, cuando doy en la cuenta que ya no hay shampoo desde hace más de un año y los recibos del servicio eléctrico dejaron de pasar por debajo de la puerta. “Sal de ahí, por el amor de Dios”. Pero ¿Por qué tendría que salir?. Si ya no estás afuera esperándome para pelearnos, ya no estás para llenarme de burbujas el cabello y ¡cuánto odiaba que lo hicieras!. Es cierto lo que decían, era un hecho que no eramos el uno para el otro. Hasta el cura nos lo dijo minutos antes de casarnos. Pero yo siempre luché por ti, incluso cuando sabía que no te merecía, incluso a sabiendas que era mala hierba para tu jardín. Hay momentos en los que un hombre tiene que luchar, y hay momentos en los que debe aceptar que ha perdido su destino, que el barco ha zarpado, que solo un iluso seguiría insistiendo… pero lo cierto es que siempre fui un iluso.
No pertenecíamos al mismo círculo, pero esperábamos las mismas cosas, no teníamos las mismas ideas pero, a veces, cuando quieres o amas, te aferras a lo bueno del otro, a lo que sí te gusta y a lo que te hace bien, y decides ignorar lo demás que, sin darte cuenta, poco a poco empieza a espinar tu alma, pero no, este no fue el caso. Nos unieron las similitudes y las diferencias nos gustaban. Tomábamos café todas las noches y luego reposabas en el balcón fumando tus habanos mirando el firmamento como si hubieras bajado de las estrellas. Y yo te veía como un idiota, en tu camisón rosa pastel de encaje casi transparente. Acariciaba tus muslos firmes con mi mirada... esos senos perfectos en donde hubiera podido dormir toda mi vida. Me descubrías observándote y con aire pretencioso -como si nadie te mereciera- como una emperatriz inalcanzable, me lanzabas una sonrisa coqueta, invitándome a amarte, y yo como un fiel esclavo caía a tus pies rendido por tu belleza y sensualidad, como si fuera un premio divino cumplir mi condena.
¿Por qué te fuiste?. Me como las uñas preguntándome eso. Si me vieras ahora mismo, lo entendería y lo aceptaría, tendría mucho sentido pues ya no hay macarrones en la cocina y a ti te encantaban. Antes sí habían y muchos, incluso demasiados pues se salían de nuestras bocas cuando nos reíamos al recordar que no teníamos donde caernos “muertos”. Era lindo conversar contigo. Jamás había entendido por qué decías que uno más uno era uno. Siempre me mandabas a callar cuando te respondía que era dos. Dos, amor, dos, Nunca lo entendí pero te amaba tanto que me quedaba mudo para que vuelvas a decirme lo que, hoy, sí entiendo: éramos uno.
Hace poco encontré un recuerdo tuyo. En el recuerdo, tú me mirabas con decepción y me decías que era muy tonto para decir que tengo la manía de no ser sincero. Creo que esperabas todo de mí, como besarte sin esperar que lo hicieras primero, dejarme seducir y no reprimirme por el temor de que me veas enardecido. Hablarte más de mis cosas y menos de lo que no importaba, reírme incluso de tus bromas sin sentido, total, te reías incluso cuando estabas molesta.. Este recuerdo lo encontré en la ducha que ya no funciona, de donde ya no cae agua, así como el día que me dejaste en plena lluvia en la madrugada.
He subido a tu balcón y me da miedo perder la estabilidad, yo pensaba que aquí arriba nunca daban ganas de llorar. Me falta el oxígeno y me sobra el aire saliendo a buscar historias que nunca se me han perdido.
Te extraño, te necesito.
Me quedaron cortos estos seis años. Ni Dios, ni el mundo ni la gente ni el espejo saben lo que eres, porque ellos no pasaban todas las horas contigo, ni te han visto desnuda en cuerpo y alma. Nadie te vio reír hasta que te doliera el estómago, tampoco te vieron llorar hasta volverte un desierto. ¿Cuándo se han dedicado un día entero a verte? ¿Cuándo han escuchado todas tus tragedias y reído con tus ocurrencias? ¿Cuándo se han parado en la puerta de tu casa y esperado sólo tu presencia? ¿Cuándo se han desvelado en tristeza al no saber nada de ti?
Me arrancaste de raíz cuando cerraste tus ojos para siempre. Me dejaste solo, en un sofá sin respuestas y prendiendo una vela misionera por minuto. “Dios, si existes o no, mándame respuestas y yo te mando una oración”. Es así como me dejaste solo, sin la oportunidad de volver a hablarle un poquito más. Me alejaste de ti, jamás podré ver tu mirada, tus cejas perfectas, me alejaste de tus piernas y del perfume de tu almohada, nuestra almohada. Ya nadie toca mis ventanas para saber de mí, porque ya-no-estás. Te extraño, voy a extrañarte siempre.
"¿Y si mejor me olvidas?". Me dijo mientras le besaba el ombligo... en una foto de 1992.
No hay comentarios:
Publicar un comentario