miércoles, 31 de mayo de 2017

Hola, creo que nos conocemos de algún lado...

Estamos paseando en el auto de su madre, un mercedes de 1995. Empieza la conversación diciendo que ha oído a su madre y hermana hablando de mí, han dicho a escondidas que les parezco bonita. Sonrío un poco incrédula y avergonzada. Me parece lindo que me lo cuente. Su familia es dueña de una reconocida marca de embutidos, y él me está contando detalles sobre eso. El viento dificulta mi escucha, y además, no me resulta atractivo el tema. Me disperso mirando la forma de su cuello, y de repente siento una terrible pena por el chico que intenta seducirme desde lo que tiene, y no desde lo que es. Instantáneamente me da risa sentir pena por alguien que viaja a Miami tres veces al año. Él sigue parloteando, y ya no disimulo que no lo escucho. Mis respuestas son: Ah. Y... sí. Claro. Ja. Uh. Nooo... mostro. Siento unas ganas inexplicables de decirle que me importa poco las propiedades de su familia. Pero me ubico. No lo hago. Pruebo algo diferente: Le propongo tomar un helado de 0.50 sentados en la vereda. Él accede, acelera. Me pregunta si quiero ir al club a almorzar, pero no lo dice mirándome a los ojos, mira mis senos, pero no me disgusta, sólo me siento extraña, y más aún si traigo un polo del gato felix nada sugerente. 

- Me encanta el tricolor, fácil y es el helado más rico del mundo, aunque soy intolerante a la lactosa y puedo vomitar en cualquier momento
- Jaja estás loca ¿sabías? 
- Bueno, a veces digo cosas que no debería decir, como lo de vomitar...
- Si vomitas ahora mismo sería genial
- Ok, voy a intentarlo... mejor no.

-¿Qué te hace feliz?
-Manejar. Jugar play, me gusta mucho.
-¿Te gustaría trabajar con tu familia?
- Sí, me encantaría
- Serás un ejecutivo, qué aburrido
- Pero tú también vas a ser aburrida, cuando seas abogada
- Ay no, y no me veo usando tacos ni faldas en tubo, mucho menos maletín.
- Ya quiero verte en 10 años con tu maletín y gritando: "Objeción, objeción".
- Eso sólo pasa en las películas, en nuestro sistema legal peruano tenemos aún el sistema inquisidor...
- Ay no por favor, no empieces... oye no me respondiste, ¿quieres ir a almorzar conmigo?
- Ok pero préstame tu teléfono para llamar a mi casa.

Me habla de su padre en todo el camino, me dice que fuma mucho tabaco pero le tiene prohibido a él meterse ese tipo de cosas, que si lo encuentra fumando lo mata, y él es muy obediente. Me habla de su madre como si fuera una mujer sumisa, que vive para endiosar a sus hijos y atender a su marido."¿No es el sueño de toda madre?", me dice. Siento lástima por él, en sus ojos noto inconformidad. Me cuenta más cosas de su padre, y ya tengo una percepción de él. Me lo imagino diciendo: "no te conviene una chica  independiente, se te puede rebelar. Búscate una futura madre de muchos hijos. Que los cuide, que no le moleste quedarse en casa, que sepa usar la tarjeta de crédito, que no se incumba en tus infidelidades, que no opine de tus negocios. Búscate una mujer hermosa y dale mucho dinero". "Sí, papá. ¿Tengo que quererla?" "Bueno, hijo, no sé, eso es un detalle".
Niego con la cabeza. Lo estoy asesinando mentalmente. Quizás él no es así. Entonces lo miro a los ojos, y no encuentro nada en su mirada. ¿Qué te hace feliz realmente? ¿Una fiesta? ¿Que la familia compre una casa en la playa? Un momento, tienes emociones. ¿Una obra de teatro? ¡Un cuadro! 

Llegamos al semáforo, posa su mano en la mía, busco su mirada. Pienso en la tarea de estadística, en que debo pasar ese curso de contabilidad. ¿Cómo puedo ser tan buena para leer y tan mala para los balances?, le echo la culpa al profesor, porque es su culpa que yo no atienda la clase, obviamente. Pienso en los sueños de la gente, pienso en que siempre creemos que nos falta algo, porque claro, que te falte, te permite desearlo, que te falte, te da la opción de salir a buscarlo. Si no nos faltara algo viviríamos felices y no necesitaríamos nada. ¿Siempre somos así de disconformes?, pienso en que no quiero ser una adulta, no quiero cumplir 19,20,21. Mi mamá me pregunta cuándo son los parciales, y yo sólo tengo cabeza para pensar en ese curso de contabilidad. 

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