viernes, 28 de julio de 2017

Lo más tranca que he tenido que aprender –y en eso sigo- es que: la única persona responsable de uno, es uno mismo. No hay nadie más a quien lapidar por nuestras elecciones, errores, malos ratos, tristezas, lutos y culpas. Por eso es justamente que la soledad cuesta tanto para algunos, porque no es fácil enfrentarse a uno mismo y rendir sus propias cuentas.

Me está costando demasiado.

Por más tiempo fuera que me estoy dando, tengo varios pendientes. Con el pasado, con el presente y, muchos más, con el futuro.

Y si alguien ha pasado algún proceso de cambio, sea cual sea, sabe que trasladar lo que aprendes (y entiendes) con el cerebro y convencer al corazón caprichoso, a las emociones que nos hacen daño y a esos recuerdos que lo único que te mandan para atrás de un combazo, es realmente tranca.

Tengo miedo de tomar malas decisiones, tengo miedo de estar ahorita tomando malas decisiones que traerán consecuencias y repercusiones futuras. Somos nuestras decisiones. No quiero fallarme, ni sentirme una perdedora. No quiero que pase el tiempo y pensar que lo estuve desperdiciando. Si algo he visto y vivido es que la vida no tiene garantías, un día lo tienes todo, al día siguiente lo puedes perder.

Tengo miedo de volverme la momia juanita en cualquier momento.

No quiero volverme un trapeador


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sé que estás pasando un periodo complicado. Es difícil pasar momentos duros y sentirse solos, pero d alguna manera Dios no nos abandona

Anónimo dijo...

Debes soltar para poder ser feliz, soltar a veces es bueno, te liberas del pasado y caminas con la frente en alto, sé que es difícil pero necesario

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