domingo, 2 de junio de 2013

309

Contigo el café por las mañana empezó a saberle menos amargo. Contigo se dio cuenta de que si estaba a tu lado, las tardes se hacían más cortas y los lunes menos jodidos. Que si estaba contigo no le hacía falta agua, ni tenía frío. Ni miedo. Contigo estudiar se hacía fácil, y las tardes de domingo en invierno eran para dos.

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