jueves, 24 de octubre de 2013

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730 días, 2 años y unas cuantas horas desde que te amo.

Me despierto y tengo esa maldita sensación de querer volver a despertar. Me levanto de la cama algo dormida, algo despierta, algo de algo. Voy al baño a desterrar viejas expresiones de mi rostro y revivir la boca con movimientos irregulares del cepillo de dientes. No tenía ganas de esperar a que la terma me quitara minutos del día, así que el duchazo fue de agua fría y gritos de piedad, muchos. Volviendo a mi dormitorio, recordé que hace veinte años adoraba vestirme sola, escoger mi ropa, ponerme medias de distintos colores, zapatos diferentes, y no, no es que hubiera querido llamar la atención (jamás), me gustaba usar los zapatos así, sin ninguna lógica. En fin, las horas se ponen las pilas y siguen corriendo, creo que este viaje me lo recomendaron porque vieron que andaba un poco mal de la barriga y me aconsejaron flotar en el mar por unos días. Y ya, pasa el tiempo del viaje y sé que volveré relajada, con la barriga bien puesta y la ropa mojada. Pero no, esto no es lo que necesitaba, lo que necesito es que se me vaya toda la maldita sensación de querer volver a despertar, que se me vaya como un soplo a un diente de león, no quiero esperar décadas en donde me saldrá barba. Sólo quiero que me de igual. Por eso siempre hay una eterna tristeza cuando me despierto, aunque todo este mejor que nunca.

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