lunes, 27 de enero de 2014

Strike 3

He estado viviendo una fantasía sin sentido. Es como si gritase pero nadie puede oírme. Tercera noche que me duermo lloviendo, se me acaban las excusas para llegar con los ojos hinchados, los sueños de verano quedaron en la esquina. Me dan miedo las noches, me asustan las mañanas, ya no entro a nuestro cuarto, que está lleno de nada.

Volver a verlo duele hasta quemarme el alma, quisiera ser más como él y que me llegue al pincho.
El último día que lo abracé, traté de memorizar el perfume de su cuello, sabía que era la última vez y me dolía como cuando te sacan un diente sin anestesia, nunca me han sacado uno pero  imagino que así debe doler. Al cerrar la puerta me quedé parada ahí un rato, tratando de componerme o tal vez esperaba un milagro, no sé, de pronto ya estaba en mi cuarto. Pensé "es frío como un témpano", quise ser como él por unos instantes, pero no pude, no puedo. Para sentirme mejor y para convencerme de que "desaparecer" era lo mejor, recordé que odia mis muestras de afecto, lasodialasodialasodia, lo noté cuando traté de coger su mano unos segundos y la retiró, sutilmente claro, pero lo noté, lo odia. Me decepcioné y algo dentro de mí se quebró, en pedacitos, aún no sé que es pero lo siento ahí hincando. Sin embargo aún tengo ganas de coger sus manos, de besar su cuello muchas veces porque eso le da risa. Aún sé que si lo vuelvo a ver, me va a gustar la forma en que se arruga su frente cuando abre bien los ojos, o cuando frunce el ceño y una ceja se levanta más que la otra. La forma de mover su cabello de un lado para el otro hasta que quede como a él le gusta, esos gestos que ni él mismo sabe que tiene, su sonrisa que se inclina más para el lado izquierdo que al derecho. Lo peor de todo es que si lo vuelvo a ver, voy a querer abrazarlo y cuidarlo y pedirle que no se vaya y que me cuide también, que me prepare un pan con el queso que compré hace dos semanas y aún no se malogra. Pero ya no quiero seguir restringiéndome más, o crearme expectativas e ilusiones que lo único que hacen es hacerme sentir mierda, me hace daño, ya no quiero seguir esperando cosas que no van a llegar. Es horrible sentir que debo amarrarme las manos para no tener ganas de acariciar su brazo, me cuesta tanto... y lo peor es que es injusto, desproporcional e ilógico ¡No lo merezco!.

Básicamente me siento como un trapo usado. Yo no tengo madera para ser la amiga/agarre/free de alguien a quien realmente amo, no se me da la gana, es horrible conformarse con tan poco a pesar de haber dado todo, pero ya, ya dejaré de pensar, no voy arreglar esta situación. Haga lo que haga, siempre acabaré pasando lo mismo: fracaso y no me rindo y vuelvo a intentarlo, pero derrota tras derrota me doy cuenta y asimilo que siempre acabaré igual y ahora sólo me queda resignarme. No me moveré, no actuaré, me siento torpe. Sin recursos, me hundo de nuevo, hasta que me vuelvo a levantar solita, consciente de que todo será en vano y se echará a perder, arruinándome, pero tengo claro que no hay remedio, porque nada de lo que haga cambiará las cosas.

Ya no voy a buscarlo, espero que tampoco él lo haga. Poco a poco voy a tratar de conquistar su lado de la cama con la falsa recompensa de creerme que tampoco ha dejado un vacío tan grande. Me saco el corazón, lo pongo en la mesa e intento convencerlo de que me haga caso, pero me mira altanero y me escupe. Me lo vuelvo a meter de un suspiro y se me atasca en la garganta. Me encomiendo a mi cabal cabecita, pero es una señorita tan estúpida sabelotodo que tampoco la soporto, así que la mando a paseo con sus agotadores y horribles consejos de manual. Y hablando de paseos, ahora me sobra una mano cuando deambulo por las calles. Siempre vuelvo a casa por el camino que me enseñó aunque sea más aburrido. Tic tac, tic tac, escucho el reloj que llevo dentro. Me registro para asegurarme de que sigo entera, pero me asalta el presentimiento de que he debido dejarme en algún rinconcito suyo. Me repito que ya no me quiere, una y mil veces, eso ayuda sobretodo porque es verdad. Cuento los días de dos en dos, a ver si así llega antes la mañana en la que no me duela. Excepto maniatar a la tristeza, sigo haciendo más o menos las mismas cosas que antes, pero sin que él me mire.

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