Recuerdo un día, no uno de estos sino de los otros días en los que traías tazas de regalo, y días en los que nos ibamos a la playa -en este país y otro- recuerdo los días en que lo único que me gustaba hacer era contar los lunares de tu espalda. Días en los que tus cejas se acercaban, una a la otra mientas hablabas de cosas que yo no escuchaba por mirar tus ojos. Y una de esas noches donde podía tocar tu cabello de alfombrita cuantas veces quisiera y ver como amanecía en tus ojos mientras me abrazabas y yo quería besarte hasta morirme pero el frío nos congelaba hasta los pulmones, aunque no nos importaba porque mis piernas y mis brazos eran tuyos y yo lo único que pedía era tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento, como una vez lo hice en alguno de nuestros viajes de bus, que fueron muchos y todos lindos. Quiero de vuelta esos días en los que, a pesar de mis destrabes, tenía una sonrisa colgada en mi rostro. Necesito tu mano que sostenga mi cabeza esta noche, a ver si me duermo en ella y si me despiertas con un beso sería mejor.
Si el tiempo lo cura todo, quiero estar bien ahorita, no en mil años.
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