sábado, 15 de octubre de 2016

Final


No sé qué obsesión tenía ella con mis fotos de niñez, las veía una y otra vez sonriendo, como si estuviera maquinando la forma de entrar en la imagen en el preciso instante del sonido del flash. Tal vez únicamente se preguntaba qué estaría haciendo ella mientras me ponían una máscara de tortuga ninja o quizás sólo se preguntaba como habría sido su vida si hubiera tenido una familia. A mí me gustaba como se vestía; todas las texturas en un match armónico; en realidad me daba igual, con ropa o sin ropa me encantaba. Amábamos a Coldplay la mayor parte del tiempo. Un día nos encerramos en un bar solitario lleno de fotos de los rolling stones, the smiths y músicos negros con saxos, y me dijo que yo nunca supe quererla y que ella me quiso demasiado. Me contó que nunca vio a sus padres juntos, pero que fueron compañeros de universidad. Por un momento sentí esa extraña sensación de querer vivir en los años 80's, conocernos entre humo, aunque jamás haya probado tabaco, y ella desde que me conoció tampoco. Ella tenía nombre de un personaje triste de una película francesa que casi nadie conoce, que siempre quiso ver conmigo y que nunca vimos, pero ya no hay a quién echarle la culpa, tantas cosas pasan sin que las deseemos, tantas veces entre lluvia y frío entregamos un sobre con todas esas cosas que nunca pudimos decir. Pero ¿a quién le podemos pedir ayuda cuando queremos volver atrás y el tiempo nos empieza cortando el pelo y después comiendo de a pocos?. Una vez viajamos a un pueblo norteño y pequeño con mar, caminamos por el muelle temiendo caer por entre las tablas. Ese día fuimos muy felices, terminamos ebrios de amor y de alcohol en una cama, oyendo las olas del mar, mirándonos sin parpadear. Ahora creo que tal vez sí la amé. Ella me daba ratos de amor a horas de almuerzo y noches que amanecían solas. Me hacía el amor y el desayuno. Nadie me veía, o no quería que me viera nadie que no fuera ella. Esas fracciones de segundos me pertenecen, nadie me las sacará, nadie las colocará en segundo lugar. En 300 años voy a secuestrarla, vamos a sentarnos en algún lugar de la calle a mirar la luna sin preocuparnos por el futuro, hasta que el vacío se disuelva como cuando la vi por primera vez, sentada en una barra, impasible, impenetrable. Yo parado frente a ella con una cerveza y esos zapatos que me quedaban muy mal; no obstante la primera vez que me vio fue en realidad la tercera, y fue como una chispa que encendió todo. Extraño sus manos en mis manos, la frescura de su voz. Recuerdo que le encantaba escribir notitas por todos lados, las escondía en lugares estratégicos para que yo las encontrara algún día. También me escribió cartas que no respondí. Quiero que sepa que las guardo en este cajón al lado de mi cama, a veces lo abro y es como respirarla. Y por eso y mil cosas más hoy no hace tanto frío, aunque todo el mundo se congele allá afuera.

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