Tengo doce minutos para esto. Miro tu sonrisa. No he podido evitar mirarte durante la tarde. Concentrado, mirando al fútbol, a veces riendo, otras con cara de preocupación, hablando, gritando. No lo sabía pero sentirte cerca me hace recordar que te he echado demasiado de menos.
Me pierdo en el vaivén de tus ojos recorriendo los míos mientras me hablas de cosas sin importancia. Como si nunca antes hubieras contemplado una mirada sincera. Y yo te miro tan fijamente que casi puedo fotografiarte. Sonríes y mi sonrisa imita tus gestos, porque me haces sentir viva y feliz. Me abrazas y en ese momento se que no hay mejor calor, que el calor de tus brazos en una cama fría. Fría porque no es ni tuya ni mía.
Miro tu barba de varios días... esa barba... la que te he prohibido rasurar, y tú muy amablemente has accedido. Miro tus labios que tanto me gustan, tu nariz...hasta llegar a tus ojos. Los tienes cerrados, pero da igual, transportan más luz de la que jamás nadie podría proyectar. Y entonces soy consciente del tiempo que ha pasado, de los años y de todas las cosas que hemos vivido desde que cruzamos las primeras palabras sin saber qué nos depararía la vida.
Me pierdo en el vaivén de tus ojos recorriendo los míos mientras me hablas de cosas sin importancia. Como si nunca antes hubieras contemplado una mirada sincera. Y yo te miro tan fijamente que casi puedo fotografiarte. Sonríes y mi sonrisa imita tus gestos, porque me haces sentir viva y feliz. Me abrazas y en ese momento se que no hay mejor calor, que el calor de tus brazos en una cama fría. Fría porque no es ni tuya ni mía.
Miro tu barba de varios días... esa barba... la que te he prohibido rasurar, y tú muy amablemente has accedido. Miro tus labios que tanto me gustan, tu nariz...hasta llegar a tus ojos. Los tienes cerrados, pero da igual, transportan más luz de la que jamás nadie podría proyectar. Y entonces soy consciente del tiempo que ha pasado, de los años y de todas las cosas que hemos vivido desde que cruzamos las primeras palabras sin saber qué nos depararía la vida.
Y todo eso en un solo instante, en un preciso segundo de quién sabe qué hora. Quizá las seis de la tarde; tal vez las dos de la madrugada. Pero lo que si sé es que ya no me apetece estar en ningún lugar más, que ya he encontrado el sitio al que pertenezco.
Y en ese segundo pienso y los momentos viajan a la velocidad de la luz. Siento exactamente la misma sensación que cuando viendo una película, aparecen proyectados miles de momentos con alguna canción lenta y preciosa de fondo. Una sonrisa se dibuja en mi rostro. Desearía acariciar tu pecho porque se que tras la ropa, late algo más que un corazón. Que en ese espacio, en tu pecho, también late, acompasada ahora, una parte de mi vida.
4 años amándote. Dime que sí te acordaste...
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