miércoles, 14 de diciembre de 2016

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Esta es la fluctuación de la forma de mi cabello. Es extraño pero jamás se queda de una sola forma, unos días está más crespo que otros, los demás días es una selva llena de árboles. Mientras tapen mis orejas de Mr. Potato, todo bien.

Three facts: 1.-Ya volví a mi antigua raya al costado, no hay mucha diferencia. 2.-Extraño a la perrita Mayita, ojalá algún día volvamos a vivir juntas. 3.- Puede que a veces me gane la vanidad (me gusta mucho mi espalda, no lo puedo negar) pero jamás seré exhibicionista. Escotes sutiles o poco sutiles, prendas apretadas, burdas o muy evidentes jamás serán vistos en mí, ni en imágenes ni mucho menos en la vida real. Hay cosas que uno debe guardar para sí, como un paraíso escondido, como una isla secreta, porque si es público ya no tendría nada de especial. Jamás jamás (nunca) seré una más del montón.


Este día me pilla en un cuartito que empiezo a sentir mío. Sí amigos, vivo y me mantengo by my own. El clima no es un problema. Me preparo el te yo solita -sí, sí, yo- y los desayunos también, y el restaurant de al lado -en el que suena El gran combo de Puerto Rico- parece estar decorado expresamente para navidad. ¿Qué es, entonces, lo que tanta falta me hace? Ya lo sé, ya lo sé. Toda la vida he odiado la navidad y he sido un honorable Grinch. La cara infante de mi alma es muy, muy fuerte y a mis 28 años me han arrebatado el privilegio de la fiel obtención de detalles navideños, lo que echo de menos.

No me gusta esta época, me pone triste. Sospecho de la inocente aura expectante que predominaba en el ambiente las noches del 24 de diciembre de mi infancia. Se trata de la ausencia de ingenuo interés que colmaba mis noches de diciembre, esas en las que, estaba segura, el Niño Dios se paseaba por la ciudad buscando expresamente lo que yo había pedido en mi meticulosa carta. Echo de menos muchas cosas, hecho que corrobora que la ignorancia significa felicidad. El conocedor es un sufridor irremediable y empedernido.

Y entonces como les iba contando queridos amigos; enemigos, conocidos, amigos de cualquiera, cualquiera: mi mente traviesa y dedos ágiles quieren que escriba para reafirmar quien soy. Pasaron menos de 40 días, pero fueron como seis meses. Suena una canción que he escuchado tanto durante las últimas 24 horas que mi navegador me ha sugerido marcar la url como favorita. Siento que escribir aquí es mi único legado en el mundo, la evidencia de que pisé este planeta: un vómito cósmico en el papel digital. Algún día publicaré algo real. Últimamente he pensado que lo único real es lo que puedes tocar, lo demás creo que no existe.

¿En qué iba? Ah sí, mi vida aquí. Me siento una Carrie Bradshow pero sin el sexo, ni el departamento propio ni los bolsos de $600. Al principio ni siquiera tenía un cepillo de cabello decente, me peinaba con un tenedor como la sirenita. En el trabajo todos me han recibido muy bien, incluso en los paraderos me han recibido muy bien. Un día estaba parada comiendo maní y se me acercaron dos tipos quienes me alcanzaron un flyer con una dirección: "Es mi fiesta" dijo el más alto, "quiero que vayas"... los miré aterrada porque en primera, ya saben, pensé que eran pishtacos, secuestradores o ladrones de órganos... uno nunca sabe, pero no, resulta que no, realmente era el cumpleaños del chico que parecía tener unos 24, de todas formas caminé lo más rápido que pude y luego ya bastante lejos dije !"ay estos millennials"!, ¿quién va por la calle invitando desconocidos?, en fin.

He renegado de todos los fines de semana de los dos últimos meses. No he visto a Vane porque este es su mes más ocupado y tiene que trabajar hasta domingos. Estoy siguiendo la misma rutina casi todos los fines de semana. Ya me conozco todas las vitrinas y escaparates de todas las tiendas de la ciudad, incluso de ese C.C., al que nadie quiere ir y que sólo pisa para entrar a discotecas. En mi cabeza aún resuena el: “Vamos a Mute huevonaaaaa” de la gracil Johana. De eso se tratan mis sábados, no, no de ir a discotecas y bares como muchos pensarían; se tratan de salir a tantear los precios de los muebles que compraré algún día cuando tenga algo propio. De regreso subir al micro equivocado, o pasarme 10 cuadras en el mejor de los casos. Llegar a casa antes de las 9pm para bañarme y meterme a la cama a escuchar música, porque amigos queridos: ¡no tengo tele!. Okay, en este momento no se imaginan lo mucho que sufro sin ver televisión. Los domingos me despierto temprano porque mi horrible cronograma biológico no me permite dormir hasta las 10am. Me alisto y voy a comprar pan integral y luego voy a barranco a comprar chucherías en los mercados de pulgas. Ya no tomo café, ni cosas irritantes por prescripción médica (estoy enfermita), por eso trato de cuidarme y siempre procuro tomar decisiones responsables porque el estar sola aquí me hace vulnerable y no quisiera darle una preocupación a mi mamá que ya tiene suficiente con mi ausencia. Ella me llama a diario a saber que comí y si estoy siguiendo la dieta que me dieron, si me duele o no el estómago. Me repite mil veces que compre fruta, que coma sano, que lave mi ropa y que no tome taxis desconocidos. Ahora dependo solo de mí, me siento profundamente sola.

A veces ni yo misma puedo creer lo que fui capaz de hacer, aún no lo asimilo, dejarlo todo y venir sin tener nada seguro. El error o acierto más grande de mi vida. Si alguna vez me preguntan si cometí alguna locura por amor diré que sí, no una sino muchas. Siempre vehemente, decidida y guerrera como el caballero de la armadura oxidada. Pero no, en ese sentido nada salió como esperaba, todo lo contrario.

No ha sido ni es fácil. Sé que soy muy muy valiente por todo lo que he logrado pero me he sentido sola y claramente sé que hay batallas que uno no debe pelear solo. Es ahí donde pienso que también quiero tener a alguien a mi lado. Alguien para dormir la siesta o una noche entera, o simplemente para no dormir, ver el amanecer y contarnos cada detalle del dia después de una ardua jornada laboral. Alguien que cuide de mí porque puedes ser la persona más independiente y autosuficiente del mundo pero uno siempre necesita que lo cuiden. Alguien a quien llamar por teléfono, alguien a quien prepararle la cena o el desayuno (aún no tengo los artefactos necesarios para preparar almuerzos, jé). Para ir al cine en horarios poco frecuentes, para dedicarle historias interminables. Para malcriar y consentir como a nadie. Quiero tener a alguien que me pregunte como amanecí y que me de las buenas noches, que me lleve a bailar algún sábado o a donde quiera. Que me recoja del trabajo y me acompañe a casa en el micro. Que me regale flores en maceteros y no ramos sueltos. Que me abrace más fuerte cuando tengo pesadillas, como anoche que tuve que despertarme a media madrugada a prender la luz. Que me haga feliz y hacerle sentir feliz. Que piense que soy yo la razón por la que vino al mundo. Siempre es bueno tener a alguien a quien amar; no se trata de estar con cualquiera para no estar solo y tener con quien ir a bodas o discotecas, o a quien contar lo que nos inquieta, lo importante es tener a alguien pasada la diversión y la fiesta, alguien que nos agrande el alma, nos expanda la mente, nos ayude a mejorar y crecer como personas cada día en todo sentido, eso cualquiera no lo logra. Quiero un compañero de vida, compañero de fiestitas, apoyo de locuras y risas hasta hacernos pipí, futbolista profesional, confesionario sin querer, enfermero de resfríos, aprieta deditos :( :(

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