Elegir muchas veces es fácil. “Quiero azul, no morado”. Otras veces, mucho más “No, quiero morado, no azul”. La mecánica es comodísima, pues cuando te dan a escoger entre comprar tal marca o tal pasta de dientes, tienes la maricona opción de regresar a la tienda y comprar lo de la competencia o patear al vendedor. Por eso elegir muchas veces resulta sencillo, pero tomar una buena decisión, no es tan fácil. Lo remarco: ¡no lo es!.
Hace unos meses me propuse irme de mi casa y llevar todo lo que entrara en una maleta. Fue de la noche a la mañana. No pedí ningún consejo pues pasé la fase de “suicida que publica que se va a matar”; a tomar con huevos la decisión. Y de hecho decidirlo me dolió, lloré, me partí, tuve fiebre, dejé de comer un postre, un día y cada vez que pasaba un avión, me quedaba muda. “¿escuchas? ahí van personas de vacaciones, a trabajar, llevan droga o perdieron a su mamá en el aeropuerto”. Sea por el motivo que fuese, cada vez que oía un avión, se me hacia un nudo en los pies y me caía. ¿Cómo podían hacerlo?.Se veía tan bonito volar y no ir a trabajar...
Por lo general, siempre me considere una chica que no dudaba ni tenía miedo, pues por lo general cojo mi casaca y me voy, pinto mis uñas de fosforescente y me tomo la acetona, no me cabroneo a la hora que me quieren robar ni tampoco digo sí cuando es un no. Siempre creí que quizás no tomaba las mejores decisiones del mundo pero para mi andaban bien, siempre he seguido a mi corazón delator. Quizás nunca había tenido una gran decisión hincándome las costillas, como aquella vez: "Si te dieran a elegir entre quedarte o irte ¿Qué harías?". Me voy, me voy por amor me repetía como la heroína de una historia que logra una gran hazaña. Siempre quise saber qué se siente estar lejos de casa para siempre, siempre quise usar la correspondencia a distancia. Realmente a pesar de todo y todo, me siento muy orgullosa de mí. En fin, prometo ya nunca más hablarles de cómo es que decidí irme de mi casa jaja. perdón, perdón.
Cambiando de tema, ultimamente me ha pasado algo rarísimo, algo que jamás había sentido jamás de los jamases. En algún momento de mi vida quise ser una mujer bombero. No me pregunten por qué pues no recuerdo qué se me pasó por la cabeza para alucinar que yo podía apagar incendios (si con las justas puedo apagar un fósforo bajo la lluvia), o que me hacia creer que podía rescatar vidas (si ya van cinco veces desde la sexta que me caí). No logro recordar por qué se me antojó esa vida llena de curitas. Trato pero es en vano, tan en vano que se me ocurrió hace unos segundos la grandiosa (y tecnológica) idea de buscar mi recuerdo en Internet. El momento de mi niñez arrojó millones de opciones y como soy floja, diré que el motivo por el cual quise ser una bombera fue el primer resultado del buscador: la foto de tres chicas en un traje diminutamente irreal y sexy (googleame: mujer bombero). Y sí, poco o nada importa que para ese entonces yo tuviera siete años y no supiera sobre esos trajes, y mucho menos lo que realmente significarán algún día de estos. Ahora, si no se han creído nada de lo que he dicho es porque ya saben que ahorita diré la verdadera explicación y eso de que no recuerdo era para rellenar. Explico entonces que, lo que realmente quería decir, esta al costado del trío de rubias: la foto de una verdadera bombera, una heroína.
Yo quería ser un héroe y ayudar a todo el mundo. Salvarlos del sarampión, cuidar un perrito, sonarte la nariz y si hubiera sido necesario, morir en el intento. Era mi sueño eso de tener capa y golpear a los villanos o en este caso, salvar a alguien en un incendio. Quizás por eso jugaba mucho a simular una sirena y tirar la puerta de mi cuarto, fingiendo un nefasto momento donde cada paso que daba era sólo pensando en ti (y por derrumbar puertas me quedaba sin postre). Sí, admito que como varios, quise ser una heroína pero como superman: no quería ser reconocida por la calle y que un niño le diga a su papá que yo era genial. No. Mi idea de héroe (como en los comics) era ayudar, dar un chupetín e irme callada a casa. Ahora de seguro algún amargado me dirá: ay, sí, claro y yo soy Dios. Pues no. Otra cosa, no logro entender porque todos piensan que el concepto de ayudar tiene que ser ligado con recibir. “Nadie ayuda sin esperar algo a cambio”. ¡Aaaajjjj. En fin, igual supongo que se me hubiera escapado de las manos esto del reconocimiento, ya que un bombero tiene una cedula de identidad y reportes que firmar. Creo que lo único anónimo que tienen es su estado de cuenta, porque realmente no existe; por todo lo demás, los bomberos son como cualquier otro civil pero no como cualquier otro ser humano. Ahí la gran diferencia. ¿A qué iba todo esto? ah sí, sí, (por qué me voy por la ramas? ¿será alguna enfermedad?) les decía que últimamente me ha pasado algo raro. Siento mi sentido de protección demasiado desarrollado... CON NIÑITOS. Sí, Dios qué vergüenza, creo que me ha aparecido el instinto maternal. Antes me pasaba sólo con perritos y gatitos de la calle, que cada que los veía corría a tocarlos, pero ahora con niñitos y bebés. Cada que veo uno me derrito de ternura y de amor. Me dan ganas de cargarlos, abrazarlos, besarlos y darles todo mi cariño. ¡ME LOS QUIERO LLEVAR A MI CASA!, (casa que no tengo). ¿Qué me ha pasado?, siempre me han gustado los niños pero ahora siento un amor desbordante por ellos. No es que quiera tener un bebé ahorita, arruinaría mis planes a mediano plazo pero sé que si llegara a tener uno, trataría de ser la mejor mejor mamá del mundo. Realmente me darían ganas de crear un mundo mejor para él/ella. Me encantaría llevarle al parque, al estadio, al cine, comprarle ropita linda, le enseñaría a leer, y haría lo que fuera para que sea feliz. No le gritaría si se saca mala nota, tampoco le exigiría que sea quinto superior ni super chanchonazo o chanconaza como hizo mi mamá (he aquí el resultado) jaja. Mi hijito o hijita sería un mini yo. Noooo ¿qué estoy hablando? no no no, aún no... igual del aire no se puede jaja. De todos modos, desde el fondo de mi corazón quiero mandarles un beso, un abrazo y toda la felicidad del mundo a los niños que llegaron a mi vida para demostrarme el amor más dulce y puro. Quiero que sepan que el corazón se me hace gigante, gigante y tengo un nudo en la garganta cada que pienso en ustedes; los amo muchísimo: Luis Enrique, Camila, Aranza, Fátima, Fabiano. Espero que Dios los proteja y guíe su camino siempre. Los abrazo en mi mente a cada uno y ojalá algún día pueda tener la dicha de ser mamá de una personita genial y maravillosa como Uds.
Voy a ahorrar para eso ¿ya?
PDTA: Vendo galletas por navidad, vacaciones, fin de ciclo, verano, playa, por lo que sea. Si alguien quiere, me avisa y quedamos por mensaje privado que para algo bueno tienen que servir.
viernes, 16 de diciembre de 2016
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