jueves, 2 de enero de 2014

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Conversando con Fátima, le cuento sobre mis planes de viaje a futuro, le cuento que me gustan los gatos, y ella me dice que los odia. Le hablo de la parte que sí es bonita en el Derecho, de la O.N.U, de la O.E.A, de David Bowie y de Cortázar. Ella me dice que parezco triste "ultimamente", como si nada me importara mucho, o como si algo me angustiara. Me dice que necesito un novio que me quiera. Lo que Fátima no sabe es que sí, me gustaría que alguien me quiera de esa forma. No sé si ella lo sepa realmente, pero a veces creo que podría ser bonito, creo, lindo… ¡lindo! sí, esa es la palabra. Lindo como cuando uno cree que el mejor regalo que te pueden dar es que te traigan de París un poco amor, en un frasquito. Y chocolates, porque no hay amor sin chocolates. Saco un chocolate y al comerlo se mezcla con el bloqueador solar, que masomenos sabe a jabón– ¡Ag! ¡Jabón! – tomo agua, mucha agua y luego cierro los ojos por el mal sabor – El bloqueador en la boca debe ser la parte fea de querer a alguien, supongo. – cojo un poco de la crema y me la como –. Conozco ese sabor de sobra, es nefasto. Sí, Fátima tiene razón, a mí me gustaría mucho que alguien me quiera y tengo que merecer todo, incluso lo malo. Así sabré a qué sabe el chocolate con bloqueador y podre enjuagarme sin ascos ni gruñidos – vuelvo a tomar agua del caño y cojo el chocolate de nuevo – He decidido que alguien me va a abrazar tres horas en la madrugada. No sé si hoy, ya que me odio un poco y eso no puede ser bueno emocionalmente, pues el amor empieza por uno, pero quizás mañana o pasado o el próximo mes conozca a alguien y me diga: Eres la chica más linda que he visto para comenzar a conocer. Definitivamente “linda” es la palabra – me seco la cara y doy media vuelta.

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